El Viento en los sauces

El Viento en los sauces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Para entonces ya habían terminado de comer, y el Viajero, descansado y fortalecido, con la voz más vibrante y la mirada encendida por una luz brillante que parecía reflejar la de algún faro lejano, llenó su copa de radiante vino rojo del Sur, e inclinándose hacia el Ratón de Agua clavó los ojos en los suyos y le encandiló en cuerpo y alma mientras hablaba. Aquellos ojos tenían el color gris verdoso salpicado de espuma de los embravecidos mares del Norte; en la copa refulgía un cálido rubí que parecía el corazón mismo del Sur, latiendo por quien tenía el valor de responder a sus pulsaciones. Aquellas luces gemelas, el gris cambiante y el rojo fijo, se enseñorearon del Ratón de Agua y le paralizaron, dejándole fascinado y desvalido. El mundo apacible ajeno a sus rayos se fue alejando hasta desaparecer. Y las palabras, las maravillosas palabras del relato siguieron fluyendo… ¿pero eran sólo palabras, no se trocaban a ratos en canciones? ¿No se oía acaso el canto de los marineros levando el ancla chorreante, el zumbido sonoro de los obenques estremecidos por el vendaval del Noroeste, la balada de los pescadores recogiendo sus redes a la puesta del sol bajo un cielo color de albaricoque, el rasgueo de guitarras y mandolinas desde una góndola o un caique? ¿No se oía luego el bramido del viento, al principio quejumbroso, cada vez más furioso y estridente a medida que arreciaba, elevándose en un silbido desgarrador, amainando hasta un soplo de aire musical desprendido de la vela henchida? Todos esos sonidos parecía sentir el oyente cautivado, y con ellos la queja hambrienta de las gaviotas y los petreles, el suave retumbar de las olas, el lamento silbante de los guijarros en la costa. Después brotaron de nuevo palabras agitadas, y con corazón palpitante siguió por docenas de puertos las aventuras, las peleas, las huidas, las reuniones, las amistades, las valientes empresas; buscó tesoros en islas remotas, pescó en tranquilas lagunas de atolones, pasó días enteros dormitando en la cálida arena blanca. Y también oyó historias de pesca en alta mar, de cuantiosas capturas plateadas en largas redes de una milla; de peligros repentinos, el ruido de los rompientes en una noche sin luna o la alta proa del transatlántico surgiendo al frente entre la niebla; y de la alegre vuelta a casa, cuando al doblar el promontorio aparecen las luces del puerto: los grupos borrosos de gente en el muelle, los saludos jubilosos, el chapoteo de la guindaleza, la subida por la callejuela empinada hacia el brillo acogedor de las ventanas con cortinas rojas…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker