El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Todo parecía demasiado bueno para ser verdad. El Topo corría afanosamente de acá para allá por las praderas, a lo largo de los setos, a través de los bosquecillos, encontrando por doquier pájaros que anidaban, flores en capullo, hojitas que acababan de brotar: todo feliz y atareado, creciendo y pujando. Y en lugar del aguijón de una conciencia quisquillosa que le recordara susurrando «¡La cal!», por alguna razón sólo podía sentir lo agradable que era ser el único ocioso entre todos aquellos ciudadanos ocupados. Al fin y al cabo, lo mejor de unas vacaciones quizá no sea tanto descansar como ver a todos los demás trabajando con ahínco.