El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Pensó que su felicidad estaba colmada cuando, deambulando de un lado a otro sin rumbo fijo, se encontró de pronto en la orilla de un rÃo en plena crecida. Jamás en su vida habÃa visto un rÃo: aquel animal brillante, sinuoso y corpulento que corrÃa persiguiendo y riendo, agarrando cosas con un gorgoteo y soltándolas con una carcajada, para volver a arrojarse sobre nuevos compañeros de juego que conseguÃan zafarse con un meneo y volvÃan a caer presos de la corriente. Todo eran temblores y sacudidas, brillos, chispas y destellos, susurros y remolinos, murmullos y borboteos. El Topo estaba hechizado, extasiado, fascinado. Correteaba a la vera del rÃo como uno corretea, de muy niño, a la vera de un hombre que le tiene embelesado con historias emocionantes; y cuando al fin se cansó se sentó en la orilla, mientras el rÃo seguÃa cuchicheándole cosas, una susurrante retahÃla de las mejores historias del mundo, enviadas desde el centro de la tierra para contárselas al fin al insaciable mar.