El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
Estando asà sentado en la hierba, mirando al rÃo, le llamó la atención un agujero oscuro que habÃa en la otra orilla, justo por encima del agua, y se puso a pensar soñadoramente en lo bonito y acogedor que serÃa como vivienda para un animal con pocas necesidades que quisiera vivir en la ribera, una monada de casita por encima del nivel del agua y apartada del ruido y el polvo. Mientras lo miraba, algo brillante y pequeño pareció centellear al fondo, se esfumó y luego volvió a centellear como una estrella diminuta. Pero no podÃa ser una estrella en semejante lugar, y era demasiado brillante y pequeño para ser una luciérnaga. Después, mientras seguÃa mirándolo, le hizo un guiño, revelando asà que era un ojo, y poco a poco empezó a aparecer una cara a su alrededor, como un marco en torno a una pintura.
Una carita parda, con bigotes.
Una cara redonda y seria, con el mismo centelleo en los ojos que al principio le habÃa llamado la atención.
Lindas orejitas y abundante pelo sedoso.
¡Era el Ratón de Agua!
Entonces los dos animales se irguieron y se quedaron mirándose cautelosamente.
—¡Hola, Topo! —dijo el Ratón de Agua.
—¡Hola, Ratón! —dijo el Topo.
—¿Te apetece venir a mi casa? —preguntó entonces el Ratón.