El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Tras una curva del canal apareció un caballo solitario que marchaba cansinamente con la cabeza gacha, como sumido en ansiosos pensamientos. De las correas sujetas a su horcate salía una larga soga, que estaba tensa pero se hundía a cada paso, perlándose de gotas de agua. El Sapo dejó pasar al caballo y esperó a ver lo que le enviaban los hados.
La gabarra, formando con su chata proa un agradable remolino en el agua en calma, se deslizó lentamente a su lado, la borda pintada de vivos colores a ras del sendero de sirga, llevando como única ocupante a una robusta mujerona, protegida del sol con una cofia de lino y con un brazo musculoso apoyado en el timón.
—¡Bonita mañana, señora! —saludó al Sapo al llegar a su altura.