El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Finalmente el gitano se apartó la pipa de la boca y dijo con aire despreocupado:
—¿Quiere vender el caballo?
El Sapo se quedó pasmado. No sabía que los gitanos son muy aficionados a la trata de caballos y no pierden ocasión de chalanear, y no se le había ocurrido que los carromatos están siempre en movimiento y necesitan muchas bestias de tiro. No tenía pensado vender el caballo, pero la sugerencia del gitano parecía allanar el camino hacia las dos cosas que más falta le hacían: dinero contante y sonante y un buen desayuno.
—¿Qué? —dijo—. ¿Vender mi precioso caballo? Oh, no, nada de eso. ¿Quién iba a llevar la ropa limpia a mis clientes cada semana? Aparte de eso le tengo mucho cariño, y él me adora.
—Intente encariñarse con un burro —dijo el gitano—. Hay quien lo hace.
—Parece no darse cuenta —siguió el Sapo— de que esta maravilla de caballo no está en modo alguno a su alcance. Es un purasangre, sabe usted, al menos en parte; no la parte que se ve, naturalmente… otra parte. Y además fue Premio Hackney en tiempos… antes de que usted le conociera, pero todavía se aprecia su raza de una ojeada, a poco que uno sepa de caballos. ¡No, no hay ni que pensar en ello! Pero de todas formas, ¿cuánto estaría dispuesto a ofrecerme por este caballo tan joven y hermoso?