El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Mientras caminaba alegremente iba pensando en sus aventuras y sus fugas, y en cómo se las habÃa arreglado siempre para encontrar una salida cuando peor se presentaban las cosas, y empezó a hincharse de orgullo y engreimiento. «¡Jo, jo!», se decÃa avanzando con la cabeza bien alta, «¡qué Sapo más listo soy! ¡Seguramente no hay en todo el mundo un animal que iguale mi inteligencia! Mis enemigos me encierran en la cárcel, rodeado de carceleros, vigilado noche y dÃa por centinelas, y yo me escapo entre todos ellos a base de ingenio y valor. Me persiguen con locomotoras, policÃas y revólveres, y yo les doy un corte de mangas y me esfumo riendo. Tengo la desgracia de que una mujer de cuerpo gordo y mente perversa me arroje a un canal. ¿Y qué? Nado hasta la orilla, le robo el caballo, me escapo triunfalmente ¡y vendo el caballo por un montón de dinero y un excelente desayuno! ¡Jo, jo! ¡Soy El Sapo, el apuesto, popular y exitoso Sapo!». Tanto se hinchó de engreimiento que según caminaba hizo una canción en alabanza de sà mismo, y se puso a cantarla a voz en grito, aunque no habÃa nadie cerca para oÃrla. Era quizá la canción más vanidosa jamás compuesta por un animal:
Tuvo el mundo héroes gloriosos
como la Historia ha mostrado,
¡pero ninguno tan famoso
como el magnÃfico Sapo!
Tiene Oxford mil maestros