El Viento en los sauces
El Viento en los sauces en todas las ciencias versados,
¡pero ninguno el intelecto
ni la sabidurÃa del Sapo!
Los animales en el Arca
lloraban desconsolados.
¿Quién gritó ¡Tierra! al alba?
¡Quién iba a ser, sino el Sapo!
El ejército rinde homenaje
por la calle marcando el paso.
¿Es al rey, a Kitchener el grande?
Pues no: ¡saludan al Sr. Sapo!
La reina pregunta a sus damas:
¿Quién es ese hombre tan guapo?
Asomándose a la ventana
le contestan: ¡Es el Sr. Sapo!
HabÃa muchos más versos semejantes, pero demasiado vanidosos como para reproducirlos. Estos eran los más suaves. Cantaba mientras caminaba, y caminaba mientras cantaba, y cada vez se hinchaba más y más. Pero su orgullo no iba a tardar en desinflarse.
Tras recorrer varias millas por caminos rurales llegó a la carretera, y al mirar a lo lejos vio acercarse por su blanco firme una motita que luego se convirtió en un punto, luego en un bulto borroso y luego en algo muy familiar, y sus oÃdos encantados oyeron el conocido pitido doble de un claxon.