El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¡Esto sà que es bueno! —exclamó el Sapo, muy excitado—. ¡Esto sà que es vida de nuevo, el gran mundo del que llevo tanto tiempo ausente! Voy a saludar a mis hermanos del volante, y les voy a contar uno de esos cuentos que tan buen resultado me han dado hasta ahora; naturalmente me llevarán, y luego les contare más historias, ¡y con un poco de suerte puede incluso que acabe entrando en automóvil en la Mansión del Sapo! ¡Ya verás la cara que pone el Tejón!
Salió confiadamente al centro de la carretera para hacer señas al automóvil, que se acercaba despacio, frenando al llegar al camino; y de repente se puso muy pálido, el corazón le dio un vuelco, las rodillas empezaron a temblarle y a doblarse bajo su peso, y se desplomó sintiendo un dolor agudo en el pecho. ¡Buenas razones tenÃa el desdichado animal, pues el coche que se acercaba era el mismo que habÃa robado en el patio del Hotel del León Rojo aquel dÃa funesto en que empezaron todas sus desgracias! ¡Y la gente que venÃa en él era la misma que habÃa visto almorzando en el comedor!
Se quedó tirado como un montón de andrajos en medio de la carretera, murmurando con desesperación: