El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Bueno, pues aunque viva ahà —dijo el Topo—. Tú mismo me dijiste que el Bosque Salvaje estaba bien.
—Oh, ya sé, ya sé, y es verdad —contestó evasivamente el Ratón—. Pero creo que por ahora no iremos allÃ. TodavÃa no. Está muy lejos, y de todas formas no estará en casa en esta época del año, y ya verás como algún dÃa aparece por aquÃ, si esperas tranquilamente.
De modo que el Topo tuvo que conformarse con esto. Pero el Tejón no apareció, y cada dÃa trajo sus diversiones, y hasta que no hubieron pasado muchos desde el verano, cuando el frÃo y la escarcha y los caminos enlodados les hacÃan quedarse en casa, y el rÃo en crecida pasaba junto a sus ventanas a una velocidad que dejaba en ridÃculo a todas las barcas, no volvió a acordarse el Topo insistentemente del solitario Tejón gris, que vivÃa su vida a solas en su agujero, en el corazón del Bosque Salvaje.
En invierno el Ratón dormÃa mucho, se acostaba pronto y se levantaba tarde. Durante el corto dÃa a veces escribÃa poesÃa o hacÃa pequeñas tareas domésticas, y por supuesto recibÃa las visitas de otros animales que venÃan a charlar un rato, por lo que siempre se contaban historias y se intercambiaban recuerdos sobre sus aventuras del último verano.