El Viento en los sauces
El Viento en los sauces 
El bosque salvaje
El Topo llevaba mucho tiempo queriendo conocer al Tejón. A juzgar por lo que le habían contado debía de ser un personaje muy importante, y aunque apenas se dejaba ver parecía ejercer una velada influencia en todos los habitantes del lugar. Pero cada vez que el Topo mencionaba su deseo el Ratón de Agua le daba largas. «No te preocupes por el Tejón», decía el Ratón. «Ya aparecerá uno de estos días, siempre aparece cuando menos te lo esperas, y entonces te lo presentaré. ¡Es un tipo estupendo! Pero no sólo hay que aceptarle como es, sino cuando aparece».
—¿No podrías invitarle a cenar o a algo? —dijo un día el Topo.
—No vendría —contestó simplemente el Ratón—. El Tejón odia la compañía, las invitaciones, las cenas y todas esas cosas.
—Bueno, entonces ¿no podríamos ir a hacerle una visita? —sugirió el Topo.
—Oh, estoy seguro de que eso no le gustaría nada —respondió el Ratón, muy alarmado—. Es tan tímido que seguro que se ofendería. Yo mismo nunca me he atrevido a visitarle en su casa, y eso que le conozco bien. Además no podemos. No hay ni que hablar de ello, porque vive en el corazón mismo del Bosque Salvaje.
