El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
El suelo era de ladrillo rojo muy gastado, y en la amplia chimenea ardÃa un fuego de troncos entre dos acogedores asientos esquineros empotrados en la pared, al abrigo de cualquier corriente de aire. Dos bancos de respaldo alto, colocados frente a frente a ambos lados de la chimenea, ofrecÃan más asientos para la gente sociable. En medio de la habitación habÃa una larga mesa de tablones sin desbastar montados sobre caballetes, con bancos a cada lado. En uno de sus extremos, donde habÃa un sillón algo apartado, se veÃan los restos de la cena sencilla pero abundante del Tejón. Hileras de fuentes inmaculadas relucÃan desde los estantes del aparador al fondo de la cocina, y de las vigas del techo colgaban jamones, haces de hierbas secas, saquitos de cebollas y cestas de huevos. ParecÃa un lugar apropiado para que los héroes festejasen sus victorias, para que cuadrillas de segadores cansados se sentasen en los bancos de la mesa a celebrar con júbilo y canciones el final de la cosecha, o para que dos o tres amigos de gustos sencillos se sentasen donde les apeteciera y pasaran el rato comiendo, fumando y charlando con gran comodidad y contento. El rojizo suelo de ladrillo sonreÃa al techo ennegrecido por el humo; los bancos de madera de roble, brillantes por el uso, intercambiaban miradas joviales; las fuentes del aparador hacÃan guiños risueños a las ollas de los anaqueles, y el fuego alegre del hogar parpadeaba y lanzaba reflejos juguetones sobre todas las cosas sin distinción.