Las maniobras del Vaticano
Las maniobras del Vaticano Una de las medidas más importantes establecidas por la Iglesia para fortalecer su compaginación en los tiempos modernos es la obligación de hacer la primera comunión a los siete años. Adviértase el efecto psicológico que debe producir en un niño de siete años el aparato ceremonioso de la primera comunión, sea como acontecimiento familiar individual o como acontecimiento colectivo: y qué fuente de terreros despierta y, por lo tanto, de adhesión a la Iglesia. Se trata de «comprometer» el espíritu infantil apenas empieza a insinuarse. Por eso resulta comprensible la resistencia que dicha medida ha encontrado en las familias, preocupadas por los efectos deletéreos de ese misticismo precoz y la lucha de la Iglesia para vencer su oposición. (Recordar de Piccolo mondo antico de Fogazzaro[27] la lucha entre Franco Maironi y su mujer cuando se trata de llevar en barco a la pequeña, en una noche tempestuosa, a la misa de Navidad: Franco Maironi quiere crear en la niña «recuerdos» imborrables, «impresiones» decisivas; la mujer, en cambio, no quiere turbar el desarrollo normal del espíritu de la hija).
La medida fue decretada por Pío X en 1910. En 1928 la casa Pustet de Roma reeditó el decreto con prólogo del cardenal Gasparri y comentarios de monseñor Jorio, dando lugar a una nueva campaña de prensa.
