Las maniobras del Vaticano
Las maniobras del Vaticano El catolicismo ha tenido una función, y de ella quedan abundantes rastros en el lenguaje y en los modos de pensar, especialmente de los campesinos: cristiano y hombre son sinónimos, como también lo son cristiano y «hombre civilizado» (“— ¡No soy cristiano! —Y entonces qué eres, ¿una bestia?”). Los confinados dicen aún: «cristianos y confinados» (en Ustica[2], primer asombro cuando recién llegado el pequeño vapor se oía decir a los confinados: «Son todos cristianos, no son más que cristianos, no hay ni siquiera un cristiano»). Los presos, en cambio, dicen comúnmente: «burgueses y detenidos» o, burlonamente, «soldados y burgueses», si bien los meridionales dicen también «cristianos y detenidos». Sería muy interesante estudiar toda la serie de pasajes histórico-semánticos por los que, en francés, de «cristiano» se ha obtenido crétin (en italiano cretino) y además grédin; el fenómeno debe ser parecido a aquel por el cual villano de uomo di campagna terminó significando screanzato y además gaglioffo y mascalzone, o sea que el nombre cristiano empleado por los campesinos (se cree que por los campesinos de algunas regiones alpinas) para señalarse a sí mismos como hombres, se ha separado, en algunos casos de pronunciación local, del significado religioso y ha tenido la misma suerte de manant[3]. Tal vez también el ruso krestianin, «campesino», tiene el mismo origen, mientras «cristiano» en sentido religioso, forma más culta, manteniendo la aspiración del Ψ griego, en sentido despreciativo se decía mujik). A esta concepción hay que agregar tal vez el hecho de que en algunos países, donde los hebreos no son conocidos, se los cree o se los creía con cola y orejas de cerdo o con otro atributo animalesco.
