A orillas de río Rogue
A orillas de río Rogue Aard se quedó estudiando atentamente las aguas de un pequeño remanso, en las que pronto se hizo evidente la presencia de un gran número de truchas, algunas de excelente tamaño. Un poco más abajo de aquel lugar había una pronunciada cascada rocosa, cuya altura era verdaderamente difícil de superar para el pez que hacía su camino río arriba, fuera trucha, salmón u otra especie cualquiera. Después de aquella cascada, venían una serie de «rápidos» y descensos, que también ofrecían dificultades, por todo lo cual, la presencia allí de pescado abundante era un fenómeno digno de ser estudiado con interés. Los ojos de Keven se desorbitaban, mirando las removidas aguas del remanso, y de buena gana habría vuelto sobre sus pasos, para regresar con su caña y sus anzuelos; se contuvo, no obstante, de manifestar este deseo ante su amigo y patrón.