Arizona
Arizona —Es el vaquero nuevo de quien te he hablado. Arizona Ames.
—¿Arizona Ames? —repitió ella, como si su corazón buscase algo en aquel hombre.
—Sí, señorita; yo soy Ames —dijo éste, acercándose de modo que sólo les separaba el árbol.
—¿No me conoce usted? —preguntó ella.
—Tengo una idea, pero no estoy seguro.
—Yo soy la mujer de Grieve.
—Tanto gusto —respondió Ames quitándose el sombrero—, y siento no conocerla en circunstancias más felices.
—Es inútil, Arizona —exclamó Lany con pasión Es duro, pero te tengo que matar… Ningún hombre puede ver lo que has visto tú y vivir…
—Sí, es muy duro, Lany —contestó Ames—, pero mírame a los ojos, muchacho, y si no te puedes fiar de mí aprieta el gatillo, pero te advierto, Lany, que no es fácil que lo puedas hacer más aprisa que yo.
El vaquero tembló por la violencia de sus emociones al tratar de sostener la mirada penetrante de Ames. Era varonil, pero parecía débil en aquel momento.
—No me preocupo por mí, Arizona —dijo respirando fuerte.
—Ya lo sé. Piensas en el honor de la señora Grieve. Bien, Lany, ese honor está tan seguro conmigo como contigo.