Arizona
Arizona El brazo con que Lany sostenÃa el arma perdió su rigidez. Su cara cambió.
—No le puedes matar, Lany —dijo la muchacha—. SerÃa un asesinato.
—¿Qué es un asesinato para mÃ? MatarÃa a todo el rancho por salvarte de la ruina.
—Te he dicho que mi ruina se habÃa consumado ya, pues no puedo seguir viviendo en mentira. Odio a Crow Grieve y pienso decirle la verdad.
—¡No, por Dios! —gritó Price—. Te ahogarÃa.
Ella cogió el brazo sin fuerza de Price y tiró de él de manera que el arma desapareció. Luego, inclinándose un poco, puso las dos manos sobre el tronco para serenarse, y fijó una mirada escrutadora en los ojos de Ames. Mientras ella ganaba seguridad, Ames reajustaba impresiones equivocadas.
En circunstancias normales la joven hubiera sido más bonita. AllÃ, blanca como el mármol, con sus grandes ojos oscuros; aterciopelados y trágicos, con los labios entreabiertos, rojos y trémulos, con el cuello y el pecho palpitantes, estaba maravillosa.
—ConfÃo en él, Lany —dijo con sencillez.