Arizona
Arizona —Pero yo soy un ser humano —protestó ella.
—SÃ, ya lo veo. Terriblemente humano. Pero, de todas maneras, no tiene usted ningún juicio.
—No puedo vivir, no quiero vivir sin verle.
A Ames le pareció entonces peligrosa, bella e irresistible; una criatura extraña por la que cualquier hombre arriesgarÃa su vida.
—Juegan ustedes con la muerte —dijo Ames con gravedad—. Si les descubren, y es cosa razonablemente segura que les descubrirán, Crow Grieve matará a Lany, y si no la mata a usted, será peor que si la matase.
La cara de ella palideció al oÃr esto, y sus ojos buscaron los de Lany.
—No me importa lo que me hiciera a mÃ, pero si matase a Lany, le asesinarÃa con mis propias manos.
—Creo que tendrÃa usted valor para hacerlo… Pero se olvida usted del niño, Amy. No es usted leal con él. ¿Es un niño?
—Una niña, Arizona. Rizos dorados, ojos azules… Nadie dirÃa que fuese hija de Grieve.
¡Condenación! ¡Una niña! ¡Qué crecerá para ser como Nesta y como usted!
—¿Quién es Nesta? —preguntó Amy con curiosidad.
—Una hermana gemela mÃa… Dulce como una flor y silvestre como un venado.