Arizona
Arizona Pocos minutos después Ames cabalgaba por el camino, dejando atrás las casitas, hacia la sierra, que se despertaba a la belleza sonrosada de la aurora.
No volvió la cabeza. En el recodo del camino soltó la brida e inclinó la cabeza para encender un cigarrillo.
—Bien, Cappy —dijo hablando con su caballo, que enderezó las orejas—, ya debes estar acostumbrado. ¡Adelante! Sacudamos el polvo de Wyoming… Espero que Nesta no lo sepa nunca.