Arizona
Arizona También presentaba el cañón señales de haber sido utilizado como cementerio. Pequeñas sepulturas a 10 largo de la base de las paredes, hechas de piedras, ligadas por una substancia roja más dura que la roca. Estas sepulturas eran cortas y estrechas, y todas habían sido profanadas. Después de un rato, sin embargo, Ames observó que había muchas intactas, a gran altura sobre su cabeza. Excitada su curiosidad, dedujo que en los años o siglos transcurridos desde que aquellas sepulturas superiores se construyeron, el cañón había sido ahondado por las aguas hasta el nivel a que ahora él cabalgaba, pero en otra época estaban a ras del suelo.
La puesta del sol y, luego, el crepúsculo pusieron fin al entretenimiento de Ames. Era hora de buscar un lugar para acampar. A lo largo de las paredes empezaban a verse algunas manchas de hierba y grupos de robles raquíticos; y en los rincones rocosos del cauce brillaban charcos de agua. Un poco más lejos, dedujo Ames, habría un lugar a propósito para que 61 y su caballo pasasen la noche.
No llegó mucho más allá, sin embargo. El cañón hacía un recodo y se ensanchaba por una mella en la pared derecha, donde el fuego brillaba a la sombra de las rocas. En el acto desapareció detrás de enormes trozos de piedra desprendidos de la muralla. El camino los rodeaba. Ames esperaba ser detenido a cada momento, pero conservó su caballo a un trote natural.