Arizona
Arizona Ames contempló a los cuatro hombres mientras se quitaba el cigarrillo de los labios. No dejó de percibir que Noggin observó que lo hacÃa con la mano izquierda.
—No he hecho ninguna clase de deducciones hasta hace media hora —replicó Ames—. Pero, puesto que insistes, hablaré claro. A Heady le tengo por un vaquero mormón que está de malas y dispuesto a entrar en cualquier cosa. Amos es un buen hombre que se ha torcido hace mucho tiempo y que le da lo mismo una cosa como otra… Y, Steele, tú me pareces un ladrón de caballos, probablemente el mismo Brandeth. Hace ya tiempo que he oÃdo nombrar a ese capitán de bandidos de Nevada.
—Bien; yo soy Steele Brandeth. Tengo una curiosidad tremenda por saber lo que piensas de Noggin.
—No mucho, me parece —dijo Ames con los ojos fijos en este personaje. La respuesta a esta breve observación establecerÃa en la mente de Ames lo que podÃa esperar. En parte, buscaba contienda y pensó que serÃa mejor ahora que después. Todo lo que pudo determinar, sin embargo, fue que Noggin le conocÃa y que nunca se arriesgarÃa con él en igualdad de condiciones. Brandeth hizo la misma observación, pues en sus labios apareció una sonrisa burlona.