Arizona
Arizona —No digo que nadie me quiera, Cappy… Rich y Sam Playford y otros me quieren más de lo que merezco. Pero quieren mandar en mÃ, y dominarme y obligarme… No me ayudan. No pueden comprender mi punto de vista… Cappy, estoy en la situación más terrible que se haya podido hallar una mujer. Estoy cogida en una trampa. ¿Te acuerdas de un dÃa que me llevaste a hacer una ronda por tus cepos? Llegamos a uno que tenÃa cogido a un pobre castorcillo por una pata… Yo me encuentro como aquel castor.
—Me interesa mucho, Nesta, pero no me asusta lo más mÃnimo —replicó Cappy con una risa de timbre no muy sincero.
Llegaron a los tres abetos gigantes que daban sombra a la casa, y Nesta se volvió para desensillar su caballo. Sam Playford, que estaba, evidentemente, aguardándola, se acercó a ella.
—Yo le atenderé, Nesta —dijo.
—Gracias —repuso ella con sarcasmo—. Me puedo arreglar sola, aquà lo mismo que en casa de los Snell.
Mescal y Manzanita corrieron a abrumar a Tanner, gritando alegremente:
—¡Aquà vienen los Reyes!
—Bueno, por Navidad, quizá; pero no ahora —contestó con resolución el cazador. Ya se habÃa encontrado otra vez en una situación parecida.