Arizona
Arizona —Déjame arbitrar, Cappy —dijo Rich, con mortificante frialdad.
—Me parece bien. Tú eres el único sensato en esta casa.
—Abre el paquete cuando Nesta y las mellizas se hayan acostado.
El trÃo femenino asà desafiado expuso una ruidosa e incoherente, pero unánime, decisión de no acostarse en toda la noche.
—Bueno, quedémonos en un término medio —decidió Tanner—. En cuanto cenemos empezará la función.
—Entra, Cappy —dijo Rich—, que el aire de noviembre refresca mucho en cuanto se pone el sol.
El vestÃbulo ocupaba toda la anchura de la casa y quizá la mitad de su longitud. Et fuego que ardÃa en la chimenea de piedra le daba un aspecto confortable y alegre. ServÃa también de comedor, y dos camas, una en cada rincón, indicaban que algunos de la familia dormÃan allà también. Una puerta cerca de la chimenea comunicaba con la cocina, adición reciente. Otras dos habitaciones, ninguna de las cuales tenÃa entrada por la estancia principal, completaban la vivienda. A Rich Ames, como a todos los del Tonto, le gustaban los fuegos de leña, y tres chimeneas de piedra amarilla que se elevaban sobre el tejado de las casas eran prueba suficiente de esto.