Arizona
Arizona —Mescal y Manzanita, a lavarse y a peinarse —ordenó la señora Ames desde la cocina. Nesta habÃa desaparecido.
—¿Cómo está la caza, Rich? —inquirió Tanner con interés.
—Nunca ha habido tanta, que yo recuerde —le informó Ames con satisfacción—. Mi padre me habló una vez de un otoño como éste; fue hace diez años, mucho antes de la guerra.
—Buenas noticias. ¿Y qué clase de caza?
—De todas clases. Castor, marta, visón, zorra… Si pudieras cazar todo lo que hay en el paÃs podrÃas comprar las compañÃas peleteras. ¿Cómo crees que estarán los precios?
—Altos. Es una suerte llegar cuando la caza abunda. Creo que tenemos un otoño tardÃo.
—SÃ. Tenemos muy poca nieve aún por aquÃ. Sólo en las alturas y desde hace pocos dÃas. Hay tantos osos, venados y pavos que hay que echarlos a puntapiés de los caminos. Y muchos pumas, también.
—Supongo que habrá buenos pastos, pues, de otro modo, la caza emigrarÃa a otras tierras.