Arizona
Arizona —Tampoco tú estás muy limpia en este momento. ¡Qué gracia que hayas limpiado tú ese caballo! Fred se hubiera muerto de risa. Le vas a ver en… A él no se lo harÃas por nada del mundo.
—¡Cuidado con decÃrselo a Fred!, —le previno su hermana.
—Muy bien, Ester…, si me das algún dinero. De todas maneras, me lo debes por haberme perdido el sedal y el anzuelo. Ojalá venga padre esta noche. Me prometió tráeme algunos.
Al volver de la casa descubrieron a Ronald, que traÃa un conejo cogido de las orejas.
—Mirad lo que he cogido —gritó con alegrÃa, mostrando la pieza.
Ronald era un muchacho moreno, tranquilo y solitario, más fácil de dominar que Brown, pero de una responsabilidad igual, por su costumbre de alejarse. Varios lebreles de largas orejas venÃan tras de él. Los dos hermanos empezaron una de sus interminables discusiones.