Arizona
Arizona —Ha dicho usted que estarÃa pudriendo tierra hace mucho tiempo si no fuera por Arizona Ames —declaró Ester, vagamente disgustada con Joe.
—Estaba excitado, señorita Ester —replicó el cocinero, con frialdad—. Quizás exageraba mucho un pequeño servicio que a Ames no le gustarÃa que se recordase.
Ester se dio cuenta, con desencanto, de que Cabel no le iba a contar una de sus fascinadoras historias, en la cual aquel vaquero, Arizona Ames fuera la figura principal. Joe habÃa experimentado un cambio sutil que Ester sentÃa más que veÃa. Nunca le habÃa visto asÃ. Dirigid una mirada escrutadora a su cara impasible y continuó comiendo sin hacer más preguntas. Pero la reticencia del cocinero no hizo más que aumentar su curiosidad. Los niños, disputando sobre el conejo, que Joe habÃa preparado para cenar, le molestaron tanto que no pudo pensar con ilación.
Pero después, cuando se quedó sola, volvió al asunto y repasó los pocos detalles separadamente y con ponderación.