Arizona
Arizona —Uno era Barsh Hensler. Al otro lo he visto en Yampa, pero no sé su nombre.
—¡Barsh Hensler! Joe, ¿no está ese hombre en relaciones con los ladrones de ganado a quienes tanto odia mi padre?
—SÃ. Hensler vive en Yampa y tiene mala reputación; se dice que pertenece a la banda de Clive Bannard.
—¿Y Fred tiene amistad con ellos, o, por lo menos, con algunos de ellos? ¡Qué horrible!
—No se altere, señorita Ester —continuó Cabel con calma—. Fred no es malo en el fondo. Es alocado y cuando bebe se sale de sus casillas. No puede resistir un trago. Le gusta jugar a las cartas y vagar por la taberna de Bosomer en Yampa; naturalmente, cae en malas compañÃas. Me temo que su padre no le ha dirigido como es debido. De todas maneras, creo que es por ese camino por donde ha ido a parar a manos de Hensler.
—¿Qué haremos, Joe? —preguntó Ester, casi angustiada.
—Hablaré de ello con Ames. Es providencial que haya caÃdo por aquà ahora —replicó Cabel, brillándole los ojos profundos y cavernosos.
—No sé si estará bien hablar de ello con un extraño. Pero ¿por qué le parece a usted providencial la llegada del señor Ames?