Arizona
Arizona —¿Qué quieres decir? El vaquero más condenado… Eso no es una recomendación —dijo Halstead, irritado.
—Halstead, si hubiera usted nacido en el Oeste, o hubiera vivido aquà bastante tiempo, sabrÃa lo que quiero decir. Pero, para no andar con rodeos: si pudiera usted conseguir que Ames se quede aquÃ, sus dificultades habrán acabado pronto.
—¡Imposible! ¿Cómo podrÃa un hombre hacer eso?
—Yo se lo digo. Lo sé.
—Pero, Joe, soy pobre, estoy casi arruinado. Aunque existiera un hombre asÃ, yo no podrÃa pagarle.
—¿Quién habla de pagar? —exclamó Joe, con un tono que Ester nunca le habÃa oÃdo antes—. Ames no tomarÃa de usted ni el salario de vaquero; por lo menos ahora.
—Joe, me has hecho ver muchas veces lo poco que sé del Oeste y de los hombres del Oeste. No puedo, ciertamente, conocer a hombres como Ames. No te acabo de conocer a ti tampoco.