Arizona
Arizona —No le hace a usted falta en este momento. Acepte usted mi palabra por Ames. Es honrado y bueno como el oro. Hace trece o catorce años que anda por los ranchos y tiene olvidadas más cosas sobre el ganado que jamás haya sabido ningún ranchero del Colorado. Hace años era uno de los mejores vaqueros que yo he visto a caballo. Pero sus condiciones para enderezar asuntos no consisten en eso. A usted le están robando ladrones de ganado que no se atreverÃan a asomar la nariz a un rancho de verdad, y mi amigo Arizona es el hombre que hace falta para darles lo suyo a esos cuatreros.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que hará? —preguntó Halstead.