Arizona
Arizona Desde la cresta del último cerro a que subiera, miró con sentimiento su camino hasta la loma de más abajo. Se destacaba fuertemente su línea quebrada sobre la sólida y floreciente masa de flores color lila, de belleza insuperable. Ester miraba como en un sueño. Había subido por en medio de una espesa sabana de flores silvestres. En una mano llevaba un ramo de asteres, ejemplares especiales y exquisitos de cuatro diferentes tonos: púrpura, lila, heliotropo y azul; y en la otra, cinco claveles escarlata, cereza, rosa y magenta; el quinto era de tan variados y adorables matices, que no hallaba para él un nombre adecuado.
Aquellas flores no prosperaban con la misma exuberancia en las laderas más bajas, aunque sus colores normales prevalecían a todo lo largo del río.