Arizona
Arizona —Anoche me hiciste inmensamente feliz, Cappy. Me gustaron tus generosos regalos, más por el afecto que suponen… Pero esta mañana estoy triste y loca por ponerme ese vestido blanco, y las medias, y los zapatos. ¿Cómo has podido elegirlos tan bonitos? ¡Me sientan a la perfección! No puedo resistirlo. Tengo que ir a la boda de Lil Snell. No debÃa ir, pero iré.
—¿Y por qué no? Yo también iré. No quisiera perderme el verte con ese vestido ni por cien pieles de castor.
—¿Por qué, Cappy? —preguntó ella, soñadora.
—Porque estarás adorable y las demás muchachas del Tonto se morirán de envidia.
—¡Ah!… Has acertado, Cappy. Ésa es mi debilidad… Hay varias muchachas que me han mortificado, se han reÃdo de mis vestidos viejos; y a una la odio… SÃ; he tenido celos de ella, los tengo… Pero ni ella ni ninguna otra ha visto nunca un vestido tan hermoso como el mÃo. Mas, a pesar de todo, podrÃa quedarme en casa, obedecer a Rich y no hacer sufrir más a Sam.
—¿Sam? Un poco de sufrimiento no le matará. Déjale que te vea con ese buen mozo de Tate. Los dos haréis muy buena pareja. Sam es feo y torpe, y…
—Que no te oiga yo decir nada contra Sam Playford —interrumpió ella, con sorprendente viveza.