Arizona
Arizona —Perdona, Nesta —replicó humildemente Cappy—. TenÃa idea de que Sam no te importaba nada.
—Pues me importa —dijo Nesta con una congoja en su voz—. Por eso es tan duro. Tengo que romper con Sam y no puedo.
Cappy, aunque la curiosidad le consumÃa, no preguntó. La misma Nesta lo dirÃa todo a su tiempo. Aunque los presentimientos de Rich eran grandes, allà habÃa algo más hondo de lo que él suponÃa.
—Tú me has empujado por la pendiente, Cappy —prosiguió Nesta—. Yo estaba luchando con mi vanidad, pero cuando me has dicho que estarÃa adorable y que las muchachas del Tonto se morirÃan de envidia, he caÃdo en la tentación.
—Pues me alegro de haber venido por aquà —dijo, mintiendo, Cappy—, porque es verdad y tengo ganas de verlo.
—¡Eres un consuelo, viejo amigo…! Iré, cueste lo que cueste.
—El coste ya está pagado, mujer —contestó Tanner riendo—. No me gustarÃa tener que decirte lo que me ha costado.
—No me referÃa a su valor en dinero —dijo ella, arrepentida.
—¿A qué, entonces?