Arizona
Arizona —Tienes razón, hijo mÃo —declaró con dignidad el viejo cazador Admito que te has hecho cargo perfecto de la situación. Yo no lo podÃa suponer, y si tu madre ha deducido algo, o no le importa, o cree que es inútil hacer nada. Quizá sabe ella más de la vida que nosotros dos juntos. Yo quiero mucho a Nesta; no la podrÃa querer más si fuese hija mÃa, pero ahora que acudes a mà asÃ, sacrificaré su cariño hacia mà por su propio bien. Creo que es esto lo que quieres decir y lo que tú mismo tendrás que hacer. Si la perdemos, aún tendremos a Mescal y a Manzanita… convenido. Tenemos que romper las relaciones de Tate con Nesta de una manera o de otra. Creo que el mejor medio serÃa casarla con Sam Playford, a menos que ella ya no le quiera.
—Le quiere, y ése es, desde luego, mi primer plan.
—¿Y qué hará Playford? Nesta me ha dicho que es muy bueno, que nunca la ha molestado, pero ¿soportará más?
—Sam es leal a toda prueba. Ayer hablamos de ello y me dijo: «Rich, si tú no puedes acabar con esto de Tate, tendré que acabar yo. Nesta no se casarÃa conmigo, aunque yo saliera con bien de ello, pero hay que hacerlo». Y yo juré que lo harÃa.