Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Una sola mirada bastó a la última para abarcar en todos sus detalles el aspecto de la forastera, y en sus pupilas se reflejó su satisfacción.
—Está usted… está usted que ni pintada, señorita Hammond. Este traje de montar es de un estilo nuevo. A mà o a cualquier otra mujer nos sentarÃa… ¡Dios sabe cómo! Pero, a usted… le va divinamente. Bill no le permitirá acercarse a una milla de sus cowboys. Si éstos la ven… se acabó el rodeo.
Cabalgando ladera abajo, Florencia habló de los abertales de Nuevo Méjico y Arizona.
—Escasea el agua —decÃa—. Si Bill pudiera permitirse el lujo de canalizar la de las montañas tendrÃa el mejor rancho del valle.