Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste El aviso prestó mayor aliciente a la situación y Magdalena quedóse absorta. La enorme masa de ganado parecía girar como un torbellino, y esto permitióle a Magdalena comprender el significado de la palabra «majar». Pero al mirar a uno de los extremos de la vacada vio reses inmóviles, cara afuera, con las crías pegadas a su flancos, temblando de pavor. La emoción de las bestias fue decreciendo del núcleo a la periferia, hasta cesar gradualmente. El galopar de los caballos, el chasquido seco de las cervices al enfrontilarse las reses fue de igual modo cesando, aunque continuaron los mugidos. Mientras observaba, se fue extendiendo la manada, haciéndose menos densa, y algunos novillos rezagados parecían querer romper el cerco de montados cowboys.