Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Otro individuo se acercó, llevando en la mano lo que la joven supuso serían los hierros, que aplicó al flanco de la bestia. Al sentir la quemadura, el novillo dio un brinco, buscando frenéticamente por donde huir, mientras el cowboy, ya otra vez a caballo, buscaba nueva presa, con el lazo en mano. En segundo término, Magdalena divisó unas hogueras al cuidado de un hombre que debía ser quien calentaba los hierros. El mismo cowboy laceó una becerra que berreó desaforadamente al sentir el contacto del hierro. La muchacha vio elevarse una espiral de humo, haciéndole experimentar una sensación de angustia. La vista del sufrimiento de los animales le había sido siempre insoportable. El aspecto rudo de la vida masculina era un libro cerrado para ella, y ahora, por razones que escapaban a su conocimiento, ansiaba aprender y oír de labios de los veteranos todo o al menos algo de lo que constituía las diarias ocupaciones de aquella vida.

—¡Mire, señorita Hammond, ahí está don Carlos! —gritó Florencia—. ¡Fíjese en aquel caballo negro!

Magdalena vio pasar a un mejicano de cetrino rostro. Estaba demasiado lejos para poder distinguir sus facciones, pero le recordó a los bandidos sicilianos. Montaba un soberbio caballo.

Stillwell se acercó a las muchachas, saludándolas con voz estentórea.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker