Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —No es bonito a la vista, ¿eh? —prosiguió Stillwell—. Comprendo que es —natural el que nos complazca la belleza en todo, aun en el hombre, aunque no deberÃa ser asÃ. Monty Price es más feo que Picio, pero las apariencias engañan. Monty lleva años cabalgando por las quebradas de Missouri, las vastÃsimas praderas de alta hierba y terribles incendios. En Montana padecen ventiscas que dejan heladas a las reses mientras pacen, y dejan patitiesos a los caballos. Según he oÃdo, una ventisca de cara, con el termómetro a 40° bajo cero, es algo inolvidable cuando hay que aguantarla montado. No conseguirá hacer hablar a Monty del frÃo; mas obsérvele cómo busca el calor del sol. Nunca encuentra que haya bastante. Antaño era de mejor ver que ahora. Lo que de él sabemos es lo siguiente se vio cogido por un incendio en las praderas, del que pudo salvarse fácilmente; pero sabÃa que en el sector amenazado por el fuego habÃa un rancho solitario cuyo dueño estaba ausente, habiendo dejado en casa a su mujer y al nene, y sabÃa también que, dada la dirección del viento, el edificio quedarÃa hecho cenizas. Fue un tremendo albur el que corrió, mas, yendo allá, montó a la mujer a grupas de su caballo, envolvió al nene en una manta mojada y la cabeza de su montura en otra, y salió al galope. Según he oÃdo fue una galopada histórica. El fuego atajó el paso a Monty. La mujer cayó del caballo y se perdió. Luego le tocó el turno al jaco. Monty, corriendo, arrastrándose por entre el fuego, con el pequeñuelo en brazos, consiguió salvarle. Después… ya no sirvió para gran cosa como cowboy. No lograba entrar en parte alguna… Pero aquÃ, mientras yo tenga una vaca… tendrá él un empleo.