Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

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En el decurso de la semana siguiente, Magdalena descubrió que buena parte de sus simpatías por Stillwell en su búsqueda del irreflexivo Stewart se habían ido trocando insensiblemente en simpatía por el cowboy. Era, pensó, bastante paradójico que a las continuas referencias de la conducta de Stewart, y de su desenfrenado paso de pueblo en pueblo, con sus terribles orgías, se contrapusieran las no menos continuas manifestaciones de buena voluntad, fe y esperanza de cuantos la rodeaban en el rancho. Stillwell amaba al cowboy; Florencia le tenía en buen aprecio; Alfredo lo estimaba y lo admiraba y lo compadecía; y sus camaradas se le mostraban más adictos cuanto más se degeneraba. Los mejicanos llamábanle «El Gran Capitán». La opinión personal de Magdalena no había variado en lo más mínimo, desde la noche en que tuvo la oportunidad de formarla; mas ciertas cualidades del sujeto, indefinidas aún en su mente, la donación de su magnífico caballo, su valor al combatir con los rebeldes y la extraña consideración que despertaba en todo el mundo, especialmente en su hermano, le hacían deplorar de veras la conducta presente del cowboy.






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