Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Entre tanto, Stillwell demostraba una actividad y un celo tan desmedidos para quien no estuviese al corriente de la situación, que habríase dicho era su propio hijo a quien intentaba hallar y regenerar. Realizó varios viajes a las aldehuelas del valle, regresando mohino y conturbado. Por Alfredo supo Magdalena los detalles. Stewart iba de mal en peor, ebrio, disoluto, salvaje, directamente encaminado a dar con sus huesos en la cárcel. Llegó luego un rumor que hizo marchar apresuradamente a Stillwell a Rodeo. A los tres días, regresó abrumado. El golpe debió ser tan hondo, tan amargo, que nadie, ni Magdalena, consiguió averiguar lo sucedido. Admitió haber hallado a Stewart, fracasando en su intento de influir sobre él, y al llegar a este punto el ganadero se congestionaba, hablando entre dientes, consigo mismo, como aturdido: «¡Gene estaba borracho! ¡Estaba borracho! ¡De otro modo no habría tratado así al viejo Bill…!».