Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Bravo! ¡Los muchachos la han tomado con Gene! —dijo Stillwell, con su famosa sonrisa—. No le dejan en paz ni un instante, burlándose de cómo haraganea por ahà con el solo objeto de verla a usted, señorita Majestad. Todos ellos andan trastornados con su linda propietaria, pero Stewart les gana a los demás y lo más gracioso es que está tan «colado» que no se da cuenta de que le toman el pelo. Es lo más sorprendente que he visto en mi vida. Gene Stewart era un sujeto con quien se podÃa bromear, aunque dentro de ciertos lÃmites que nadie se atrevÃa a repasar, siempre tenÃa una respuesta a punto. Ahora lo toma todo como si no se enterase, sonriendo y con los ojos fijos como en sueños. Empiezo yo mismo a cansarme. Si sigue asà no será él quien gobierne a los cowboys.
Magdalena sonrió expresando su creencia de que Stillwell pedÃa demasiado para tan poco tiempo a un hombre tan enfermo de cuerpo y alma como Stewart.