Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Magdalena creyó comprender que don Carlos negaba todo conocimiento de la existencia de aquellas cajas de contrabando, asà como de su contenido verdadero, de su destino y, finalmente, de cuanto podÃa negarse, salvo de que estaban a la vista, como acusadores testigos de la complicidad de alguien en la violación de leyes internacionales. Y si apasionada fue su negativa de todo esto, su denuncia contra Stewart lo fue cien veces más.
—El señor Stewart mató a mi vaquero… —vociferó, afónico y cubierto de sudor, al concluir su acusación—. ¡A él debe arrestarse! ¡El señor Stewart es un mal hombre! ¡Él mató a mi vaquero! …
—¿Lo oyes? —gritó Hawe—. Don Carlos te atribuye aquel lance del otoño pasado.