Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Cuando Florencia le recogió al fogoso ruano la brida, al tiempo que lanzaba a su oreja un alarido, Magdalena creyó sentirse súbitamente laxa y desvalida. El fornido caballo respondió con alacridad a la acción, y ello le recordó a Bonita con su cabello suelto, en la memorable noche de su huida. El cabello de Florencia flameaba como una masa de oro bajo los rayos del sol, y sin embargo, Magdalena lo vio con el mismo escalofrío con que viera el de la salvaje mejicana. Después unos roncos gritos despertaron sus sentidos, y, espoleando al negro, salió al abertal.