Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Magdalena había perdido la cabeza hasta el punto de olvidarse de su propia montura y de la naturaleza del terreno que tenía delante. Cuando volvió a contemplar a Florencia toda incertidumbre la abandonó. Habían ya desaparecido los extraños aspectos de la carrera entre la joven y los vaqueros. Majesty había tomado su bellísimo y prodigioso galope tendido, dando cuanto podía, con la cabeza casi horizontal y directamente enfilaba al valle. Entre él y los demás caballos que le perseguían se acentuaba cada vez más la distancia. Los iba dejando atrás; Florencia estaba en efecto «galopando en alas del viento», como Stewart había dicho en cierta ocasión, para expresar su idea de lo que era una carrera sobre el ruano.
Las pupilas de Magdalena se nublaron y no fue del todo a causa del viento. Se restregó los ojos para mejor ver a Florencia. ¡Qué audacia y qué intrepidez! Aquel género de entereza…, aquel espléndido desprendimiento en favor de una hermana más débil…, era lo que el Oeste inculcaba a sus mujeres.