Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste El espectáculo de Florencia montada sobre Majesty y galopando en zigzag ante una tropa de vaqueros la hizo palidecer y asirse al pomo de su silla para sostenerse. El extraño paso del ruano no era el que en tales trances habíanle atribuido como prodigioso. ¿Iría quizá desbocado? Magdalena vio a uno de los vaqueros acercarse, volteando el lazo por encima de la cabeza; pero sin juzgarse a distancia propicia para echarlo. Otro de ellos se adelantó, cruzando por delante del primero. Mientras Magdalena lanzaba un grito de anhelosa expectación, el ruano desvióse para hurtar la acometida. Por la mente de Magdalena cruzó como un relámpago la idea de que Florencia guiaba al ruano como lo hubiese hecho una muchacha del Este, desatinada por el terror de la persecución. Magdaleno convencióse de que realmente era así, cuando, al mirar de nuevo, vio que, no obstante lo irregular y extraño de su marcha, el caballo iba ganando lenta pero seguramente el valle.