Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste La singular respuesta inspiró a Magdalena la confianza precisa para seguir adelante con el cowboy, aunque de momento no paró mientes en lo que habÃa dicho. Cualquier contestación amable hubiera surtido el mismo efecto. El mutismo de su acompañante habÃa acrecentado su nervosidad, impeliéndola a expresar sus temores. Sin embargo, aunque no hubiese contestado habrÃale seguido.
La sola idea de volver a la estación donde sospechaba que se habÃa cometido un crimen le daba escalofrÃos; las mortecinas luces de los edificios fronterizos le inspiraban escasa confianza, y por otra parte no querÃa errar sola en la oscuridad.
Caminando a su lado, muy aliviada por el tono de su respuesta, comenzó a comprender su más profundo significado. Su renaciente orgullo le decÃa que no debiera conceder a tan triste personaje ni un solo pensamiento. Pero Magdalena Hammond descubrió que el pensamiento era puramente involuntario, y que en ella se revelaban sentimientos insospechados hasta entonces.
Su guÃa se apartó del sendero para llamar a la puerta de un edificio de baja techumbre.
—¡Hola…! ¿Quién es? —contestó una voz profunda.
—Gene Stewart —dijo el cowboy—. ¡Llama a Florencia… pronto!
