Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Señorita Majestad, es sorprendente lo que ocurre con Gene —dijo, entrando en el despacho de la joven.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó.
—¡Pues que se ha vuelto a marchar a las montañas!
—¿Otra vez? No lo sabÃa. Le di el dinero para los guerrilleros, y probablemente habrá ido a llevárselo.
—No. Se lo llevó a los dos dÃas de su vuelta. Luego, al cabo de una semana, marchó otra vez con algo de farderÃa. Ahora ha escapado de nuevo, y Nels, que andaba por el portel de abajo, dice que le vio reunirse con alguien que se parecÃa al padre Marcos. Bueno, me fui a la iglesia, y el padre Marcos no estaba. ¿Qué opina usted de eso, señorita Majestad?
—Acaso se vuelva creyente —dijo riendo la joven—. ¿No lo pronosticó usted?
Stillwell dio varios bufidos y enjugóse el rubicundo rostro.
—Si le hubiese usted oÃdo apostrofando a Monty esta mañana, no dirÃa eso. Últimamente, Monty y Nels han dado mucha guerra a Gene. Ambos se muestran resentidos y belicosos desde que don Carlos hizo con usted… lo que hizo. El mejor dÃa se desbocarán y entonces habrá dos toros salvajes más en la pampa. Tengo un montón de preocupaciones.