Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Su hermano habÃa alegado que tenÃa precisión de embarcar una punta de ganado para California; pero Magdalena sospechaba que aprovechó la oportunidad para ausentarse del rancho.
—Siento que no pudiera quedarse —replicó Florencia—. Pero ahora Al no piensa más que en el negocio, y le va muy bien. Tal vez sea preferible.
—Desde luego. Hablaba mi orgullo. Me gustarÃa que todos, familia, amigos viesen en qué clase de hombre se ha convertido Alfredo. En fin…, Link Stevens corre como el viento. El coche llegará aquà antes de que nos ciemos cuenta. Florencia, no nos quedan más que unos minutos para vestirnos. Pero antes quiero encargar múltiples, variados y exageradamente frÃos refrescos para los invitados.
No habÃa transcurrido aún media hora, y Magdalena reapareció en el porche donde ya la esperaba Florencia.
—¡Oh! ¡Estás divina! —exclamó ésta, impulsivamente, contemplándola con franca admiración—. ¡Y cuán distinta!…