Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Castleton era de pequeña estatura, y tenía un cutis sonrosado, con un pequeño bigote muy rubio y pesados párpados, siempre caídos sobre las pupilas, que le daban un aire melancólico. Su atavío, de un exagerado estilo inglés, atraía la atención sobre su exigua estatura. Era sumamente atildado y desdeñoso. Roberto Weede, por el contrario, era un joven de aspecto bastante robusto, notable únicamente por su buen humor. Añadiendo a los individuos ya citados Boyd Harvey, pálido y apuesto sujeto, con la despreocupada sonrisa del hombre para quien la vida fue siempre fácil y placentera, queda completada la descripción de los recién llegados.
La cena fue un feliz acontecimiento, especialmente para las mejicanas que la servían y que no pudieron menos de notar su éxito. Las alegres voces y las risas, la conversación amablemente superficial, la correcta afabilidad de una clase que sólo vivía para gustar de las cosas y hacer que el tiempo pasara agradablemente para los demás… todo transportó a Magdalena al pasado. No tenía ella interés en volver a él, mas comprendió que había obrado acertadamente al no distanciarse por completo de su mundo y de sus amigos.