Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Bravo! Sospecho que no se irán ustedes a sus casas descontentas —dijo Stillwell, con su extraña sonrisa—. Como intendente de este rancho me creerÃa desacreditado para siempre si no lograse satisfacer sus deseos. Un poco de paciencia. Y ahora, señoras, el asunto que nos interesa podrá parecerles trivial o poco divertido, mas para nosotros es de la mayor importancia. Paseen la vista por el campo. ¿Ven a dos simulacros de seres humanos, pirueteando como un par de broncos trabados? Pues están ustedes mirando a Monty Price y a Link Stevens que de repente han descubierto que no pueden alternar con sus viejos camaradas. Están entrenándose para la partida, y no quieren que mis muchachos vean cómo manejan los palos.
—¿Ha elegido usted ya su equipo? —preguntó Magdalena.
Stillwell se enjugó el rubicundo rostro con un inmenso pañuelo, aparentando considerable confusión y perplejidad.
—Tengo dieciséis y los dieciséis quieren jugar —replicó—. Hacer una selección no será fácil ni saludable. Ahà están Nels y Nick; ya han declarado alegremente que si ellos no juegan, no juega nadie. Nick no ha tocado un palo en su vida, y Nels, lo único que pretende es hallar oportunidad de darle un tanto en la sesera a Monty con alguno de esos palitos.