Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Al dejar sobre la cómoda su reloj, Magdalena observó que eran más de las dos. Parecíale que hacía una eternidad desde que había bajado del tren. Cuando apagó la luz y se dejó caer en el lecho, comprendió lo que era sentirse totalmente agotada. Era tal su cansancio que no podía mover ni un dedo. En cambio su cerebro era un torbellino.